Ahora que estamos en época de buenos propósitos (o eso dicen los grandes almacenes, es decir: (a) que ya es Navidad aunque todavía sea Noviembre; (b) que la Navidad es una época de buenas intenciones), he descubierto cuál ha sido mi obra social de este año.

Mi obra social en el mundo, de momento, ha sido contribuir a perder la ilusión de la infancia.

(Sí, ya sé que historias como ésta circulan por ahí todos los días, pero la verdad es que me preocupa cero coma cero cero cero cero cero cero).